CIPAZ

Las mujeres en la construcción social para la Paz

19 de febrero de 2020

Por Natali Arias Díaz

Las mujeres se han constituido históricamente desde la vulneración, la dominación y el poder ejercido sobre ellas por parte de la familia, las parejas, los jefes y el Estado mismo, a causa de esto, su participación social se ha visto mediada por los aportes reproductivos y productivos en el desarrollo económico. De no ser un proceso histórico la forma narrativa en que se ha escrito sobre la mujer no sería como la vencida, la dominada y disciplinada, ubicada en una posición de subordinación y obediencia. Sin embargo, la mujer se ha abierto camino desde la participación y la renuncia social de lo que se espera de ella en una cultura patriarcal.

Las cifras recientes sobre la participación de las mujeres en los espacios de poder y toma de decisiones públicas representa solo el 19,7% del Congreso colombiano que es conformado por mujeres y el 18,7% en la Cámara de Representantes (DANE,2020).

Estos datos corresponden a estadísticas realizadas institucionalmente en Colombia, que, aunque representan vacíos y desconocimientos en su aplicación, ofrecen un panorama de lo que sucede con las mujeres y sus labores desempeñadas, y aunque esos primeros censos demuestran el aumento participativo de mujeres en los centros de poder, es imposible dejar de lado otras angustiantes cifras; ya que la tasa de desempleo para las mujeres en el 2020 fue de 19,6% y para los hombres 10,9%, las mujeres jóvenes entre los 14 a 28 años representan el 46,4%, mientras que los hombres en las mismas condiciones el 40,5%, sin embargo, estos porcentajes son injustos frente a los del tiempo que dedican las mujeres al cuidado y apoyo a otros familiares o al hogar, mientras el hombre dedica el 23,8%, la mujer el 76,2%, representando el 15% en el PIB las labores domésticas ejercidas por las mujeres, lo que equivale a 186 mil millones de pesos anuales. Lo anterior representa que solo en el 35% de los hogares colombianos la mujer es quien aporta ingresos económicos (DANE, 2020).

Con estos datos pretendemos presentar un vistazo amplio y general sobre la situación de las mujeres en Colombia, ya que la dependencia económica de cónyuges, padres o hermanos aún persiste en los hogares tanto rurales como urbanos. Por ende, la emancipación de la mujer es un intento de liberación del sistema patriarcal, pues se busca la construcción de una nueva cultura ciudadana desde la participación y la equidad a quienes no la han tenido, desde todas las razas y clases socioeconómicas, por medio de nuevos discursos y nuevas practicas ciudadanas lideradas por mujeres, sin olvidar nunca su conexión con la naturaleza, el territorio y la vida. Desligarse de los supuestos sociales machistas y misóginos que le otorgan a la mujer el rol de ama de casa es un acto que pasará a la posteridad por las nuevas formas de vida que esto puede significar; ejemplo de ello es la participación política, la construcción social, el liderazgo y el diálogo comunitario, entre muchas otras, pero que, sin duda alguna, todas le apuntan a la creación de sociedades más equitativas y justas donde sea la paz el principal objetivo.

Los últimos años en Colombia se han registrado importantes Resoluciones como la 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en la que se reconoce el rol de la mujer en espacios de negociación, de toma de decisión y en la construcción de paz, además de reconocer el impacto diferenciado de los conflictos sobre la vida de las mujeres. Por otro lado, la Resolución 1820, reconoce la violencia sexual como arma de guerra utilizada contra las mujeres en el marco del conflicto armado por lo cual destaca las huellas que ha dejado la violencia en el cuerpo de las mujeres. Mientras tanto, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU ha compartido la siguiente agenda de ocho puntos para el empoderamiento de las mujeres y la igualdad de género en la prevención y recuperación de crisis: 1) Fortalecer la seguridad de las mujeres en situaciones de crisis. 2) Promover la justicia en materia de género. 3) Fomentar la ciudadanía, la participación y el liderazgo de las mujeres. 4) Construir la paz con y para las mujeres. 5) Promover la igualdad de género en la reducción de riesgos de desastres. 6) Asegurar que los procesos de recuperación tomen en cuenta los asuntos de género. 7) Transformar los Gobiernos para que ofrezcan soluciones para las mujeres. 8) Desarrollar capacidades para el cambio social.

La existencia de nuevas normativas que velan por la integridad y la inclusión de la mujer van en progresivo aumento, sin embargo, estas suelen alejarse de la realidad social de aquellas quienes deciden apostarle a la construcción social de la paz por medio del liderazgo. En un país como el nuestro, donde solo el asumirse líder o lideresa social puede costar la vida o la de sus familias, puede considerarse como un acto de valentía construir desde el liderazgo y el empoderamiento en zonas donde la burocracia y la complicidad del estado con el paramilitarismo es una realidad que se evidencia día a día.

El 21 de junio del año 2019 Colombia se estremecía por las imágenes de un niño llorando desconsoladamente el asesinato de su madre, María del Pilar Hurtado, lideresa comunitaria y de víctimas. Este homicidio es solo uno de los 84 casos en contra de las mujeres lideresas entre el año 2013 y 2019 de los cuales la gran mayoría quedaron en impunidad. En cuanto a los casos de violencia sexual o desapariciones forzadas no hay datos certeros, ya que el Estado no ha destinado los recursos necesarios para las respectivas investigaciones. “Esto, a pesar de que se conocen los presuntos responsables de estas agresiones, entre los cuales se identifica en un 67 por ciento (902 casos) a grupos paramilitares; en un 25 por ciento (331) se desconoce el presunto autor. Y del resto se identifica como responsables a instituciones del Estado en un 4 por ciento (56 casos), disidencias de las Farc en un 3 por ciento (34 casos) y al ELN en un 1 por ciento (13 casos)” (El Tiempo, 2020). Lo cual demuestra la ineficiencia estatal en la resolución de conflictos y el restablecimiento de los derechos de las mujeres agredidas, dejando en evidencia el poco compromiso que han tenido los gobiernos colombianos con las victimas de la guerra, muchas de ellas mujeres.

Entre los compromisos pendientes del Estado debe primar el de reconocer las singularidades y subjetividades de los grupos organizados de mujeres, ya que “el tipo de liderazgo con más agresiones fue el de las indígenas, con 118 casos, seguido por las lideresas comunitarias, con 75; las campesinas y de víctimas, con 68 cada una; las afrocolombianas, con 66; las comunales, que registraron 63 casos; las sindicales, con 24; las educativas y ambientales, cada una con 19 registros; las lideresas de mujeres, con 23 agresiones, y las lideresas LGBTI, con 19” (El Tiempo, 2020).

Por lo tanto, es de suma urgencia el establecer estrategias y lineamientos para la prevención de las agresiones en contra de la mujer y en especial de lideresas que le apuestan a una Colombia en Paz, así mismo garantizar la participación activa de mujeres en cualquier espacio decisorio en escenarios de poder locales y nacionales para que exista permanentemente un enfoque de género a favor de mujeres, niñas y adolescentes; para que bajo esas condiciones, las mujeres continúen en la creación y el desarrollo de nuevas formas de asumir el empoderamiento y el liderazgo para ciudadanías más consientes, justas y equitativas.

Referencias

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